Enemigos de quita y pon

En tiempos de la Guerra Fría, uno de los factores que generaba un falso sentimiento de seguridad (intelectual) era la aparente estabilidad del enfrentamiento entre la potencia hegemónica (los Estados Unidos) y la candidata oficial a sucederle (la URSS) en tal empeño.
Ya entonces, y para países más periféricos, se vio cómo cambiaba la enemistad o la amistad respecto al país que más mandaba o parecía mandar. Así, por ejemplo, Noriega fue amigo y enemigo, Gadafi fue amigo, enemigo, amigo y enemigo. No siempre era evidente el motivo de tales cambios de humos estratégico, pero el caso es que se podía pasar de cenar amistosamente con el líder entonces bueno (por ejemplo, José María Aznar con Gadafi, con intercambio de cariñosos regalos incluido) a abanderar ataques desazorados hasta acabar con el ex-amigo haciéndole morir vergonzosamente (eso sí, dejando el país hecho unos zorros, si es que “eso” puede ser llamado país).
Pero lo mismo sucede en las alturas: ¿quién es el enemigo que el gobierno USA necesita en cada momento para justificar sus inmensos, inabarcables y corruptos gastos militares -no solo para que los estudiantes se maten entre sí, sino, sobre todo, para que se produzcan guerras “de baja intensidad” o se pueda intervenir para aplicar la “doctrina Carter” (el interés económico de los Estados Unidos -es decir, de sus empresas grandes- es el que manda y, así, habrá que invadir países en los que hay intereses de tales empresas).
Peco como esos intereses cambian en el tiempo, lo lógico es que también cambien las definiciones de enemigo que se cuentan al público crédulo (cosa que tanto asombraba a Howard Zinn). No es la única causa (supongo que no hay fenómeno social que tenga una única causa), pero esta pesa lo suyo. 
Vale, pues esta es, según Gallup, la percepción que tienen los estadounidenses al respecto:
Un cierto empate a principios de 2016 y una subida espectacular por parte de Corea del Norte (Irán, que se supone que son malos-malísimos porque envían drones a Israel y otras cosas peores, en cambio, disminuye en esa percepción)
Tomándolo con más tiempo, la cosa es clara:
Irán, entre 2006 y 2012 llevaba la batuta como potencia percibida por los estadounidenses como enemigo principal. Pero en estos dos últimos años, la subida de Corea del Norte es espectacular. No me extraña que el vicepresidente no estuviera muy contento al ver el acercamiento “olímpico” entre el Norte y el Sur. 
De todos modos, es la posición de Rusia y la China las que resultan más cargadas de futuro (Wallerstein lo comentaba). Pero este palmarés de la particular olimpiada a ver quién manda más, proporciona alguna preguntas adicionales.
Rusia y la China están bien situados, Israel no aparece (pero tiene a AIPAC en los Estados Unidos) y Corea del Sur va detrás de España-