Le llamaban democracia

Este artículo recoge las estimaciones llevadas a cabo por otros, pero son las que hay. Por un lado, tenemos a unos ultra-ricos que han donado unos 20 millones de dólares para “orientar” las decisiones públicas en un determinado sentido. Por otro lado, tenemos que esos mismos ultra-ricos, gracias precisamente a esas decisiones, se han ahorrado por encima de los 1.000 millones de dólares en impuestos. Negocio redondo. Lo fantástico es que se sepa. Por lo menos eso. Y hay datos para generalizar la anécdota.
Porque hay motivos para sospechar que algo así sucede en otras democracias, solo que sin la relativa transparencia de la estadounidense. Es pura sospecha, pero el llamado “impuesto al sol“, impuesto contra el autoconsumo eléctrico que se practica en España, huele raro. Cuando parecía que se iba a declarar ilegal según la normativa europea, y aumentar las sospechas sobre el ministro que lo promovió, otro ministro consigue que el Consejo Europeo lo avale. Se puede pensar en cuánto pudieron haber invertido las compañías eléctricas en tal peaje al autoconsumo, pero también se podria pensar en qué gana quién con tal impuesto, sobre todo dificultando la “competencia” a dichas empresas. No se sabe, claro. Tal vez las cifras estadounidenses son escalofriantes, pero por lo menos se saben. Algo más democrático que la simple sospecha que puede extenderse al caso del carbón, no como en Francia (de momento), pero sí como en los Estados Unidos.
El juicio a Lula es otra historia. Condenado, sí y resonando el escándalo mensalao, con una gran empresa (petrolera en este caso) de por medio. Tal vez, como dice Dilma Rousseff, una parte de un golpe de estado contra el posible candidato que saldría vencedor, a distancia del segundo, en las próximas elecciones presidenciales… si se pudiera presentar. Mala cosa tanto si es golpe de Estado como si no lo es: cherchez l’argent tanto si ha sido corrupción propia o corrupción de los funcionarios que ejecutan el golpe.
Y parece que ese dinero se encuentra incluso cuando las grandes empresas “untan” a quienes tienen como tarea controlar que tal cosa no suceda. Hay acusaciones en el Ecuador en ese sentido. Más de 10 millones de dólares desde, precisamente, una empresa brasileña. Pero también las hay hacia los que publican sesudos artículos científicos que coinciden, incidentalmente, con los intereses de grandes empresas o se despide a los menos complacientes. Y no digamos nada de las “puertas giratorias“.
Lo curioso es que he leído casi todas esas noticias en el mismo día de hoy.
No “la” llamaban, sino “le” llamaban, como a Trinidad. Y lo peor es lo que no sabemos ni siquiera sospechamos ¿Declina la democracia en el mundo? Tal vez. Lo que sí se constata es que, por lo menos en parte, se compra por quien tiene el dinero suficiente para tal compra.
(Añadido el 6 de enero: las relaciones entre grandes empresas y gobiernos no son siempre fluidas y amistosas. Sucede como con las relaciones entre pequeñas tiendas en mi pueblo: están en competencia entre sí, pero están de acuerdo frente al ayuntamiento. Los acuerdos totales tampoco se dan entre grandes empresas y gobiernos aunque haya elementos importantes de acuerdo entre ambas instancias)