¿Árabes en Israel?

La imagen de un Estado de Israel como estado étnico (idea bien poco democrática, por cierto) choca, de momento, con la realidad: el tercer partido en su parlamento (Knesset) es un partido árabe y protestó por la visita del vicepresidente estadounidense Pence y la propuesta de aquel gobierno de trasladar para antes de final del año que viene su embajada a Jerusalén, haciendo, de este modo, un reconocimiento del carácter de capital del Estado como ciudad unificada. Estos parlamentarios árabes (tan árabes como los palestinos de los territorios ocupados) fueron expulsados por la fuerza por las “fuerzas del orden” que, obviamente, obedecían a los otros partidos en el gobierno (tanto los que tienen más escaños que ellos como los que tienen menos pero apoyan la coalición de gobierno).
Lo poco que puede verse de sus pancartas hace pensar que están en árabe no en hebreo, aunque los tuits de alguno de sus líderes se escriban en hebreo. Y, como era de temer, la Lista Conjunta no es precisamente un dechado de unidad. Una vez más, la oposición dividida acaba apoyando, gracias a sus divisiones, al gobierno (en la foto de Ha’aretz se ve a Netanyahu aplaudiendo a Pence, cosa que no hacen los que muestran signos de pertenecer a partidos ortodoxos judíos)