Después del referéndum, qué

La situación es demasiado complicada como para que yo la entienda. Los kurdos son una colectividad (heterogénea, por cierto, ya que también incluye judíos, pero se la suele designar como “grupo étnico”) que se encuentra en varios países (Irak, Irán, Siria, Turquía y Armenia). Como tantas otras situaciones en la zona, fueron objeto de decisiones tomadas por los europeos al final de la I Guerra Mundial en función de los propios intereses (no solo petroleros, pero sobre todo petroleros), no en función de los intereses de las poblaciones afectadas por aquellas rayas hechas en un mapa (fue la política habitual de los liberales y democráticos europeos también en África).
Esto es lo que tenían prevista inicialmente

Y esto es lo que hay en la actualidad
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El reciente referéndum de independencia solo afectaba directamente a los kurdos de Irak, grupo particularmente importante ya que controla pozos de petróleo, fue aliado fiel de los Estados Unidos en la guerra de Irak y sigue siendo aliado en la lucha contra el DAESH. 
Con un 80 por ciento de participación, según cuenta La Vanguardia, la independencia ha sido votada por un 90 por ciento de los votantes.
Y, sí, la pregunta es: y ahora ¿qué? Ha’aretz recuerda que los kurdos que viven en Israel (israelíes, pues) apoyan la independencia de los kurdos que viven en Irak. 
Sea, pero el periódico sigue y recuerda, inmediatamente, las malas relaciones del gobierno turco con “sus” kurdos y las complicadas relaciones que establecen con el de Irán, en ambos casos con amenaza militar, mientras que el de Siria parece más transigente. El resultado es que salta por los aires el dicho que “el enemigo de mi enemigo es mi amigo” y “el enemigo de mi amigo es mi enemigo” si introducimos a los Estados Unidos y a Rusia.
Me pierdo, pero no puedo menos que repetir que las consultas referendarias, además de que las carga el diablo, suelen plantearse el “después ¿qué?” cuando ya han pasado de modo que la evaluación de los posibles efectos de un resultado u otro no intervengan para nada en el limpio resultado que el convocante provoca. Pasa en las mejores familias.