Convertirse en terrorista

La metáfora sigue siendo la misma: lo que uno conoce mediante un mapamundi acaba siendo muy diferente de lo que uno conoce mediante un callejero. Añado ahora: hay problemas que no hay más remedio que abordarlos a escala local por más que el mapamundi mantenga su utilidad, por lo menos evitando errores. Es la conclusión de este artículo en el New York Review of Books escrito por un investigador que llevó a cabo numerosas entrevistas a pie de calle con jóvenes paquistaníes y marroquíes o hijos de nacidos en Pakistán o Marruecos precisamente en la zona donde después se produciría un atentado terrorista: Barcelona y sus alrededores (Cambrils incluida). 
Analiza la enorme heterogeneidad de situaciones y los diferentes procesos que han llevado a la radicalización que termina en violencia. Al final, este proceso no lo explica un llamado “corredor salafista”, ni siquiera la discriminación que sufren los árabes en Europa, sino el grupo inmediato al que se pertenece (pandilla de amigos, equipo de fútbol), pero añadiendo un detalle que los medios españoles no subrayaron suficientemente y es que el gobierno español había impulsado un programa de colaboración entre municipios para enfrentarse al problema. La colaboración entre países es importante pero, a lo que dice este autor y parece que el gobierno español compartía, para enfrentarse a ese peligro la colaboración tiene que ser local. El autor recoge el dato: de los 8.000 municipios que hay en España, sólo 13 habían aplicado el Plan Estratégico propuesto por el ministerio del Interior. Cuestiones de “imagen”, dice el articulista. Cataluña y el País Vasco habrían planteado un plan propio, diferente del madrileño. Punto.