Presidentes vitalicios

Es curioso el peso que tienen diferentes culturas políticas en la evaluación de un mismo hecho, amén del interés manipulador que pueda tener su presentación periodística.
Un caso es el de la posibilidad de reelección para un cargo público. A nadie le extraña que Frau Merkel vaya por su cuarto mandato y, si el cuerpo le aguanta y la coalición lo propicia, pueda concurrir a un quinto o a un sexto. Reelección indefinida mientras el electorado esté por la cuestión y vote por ella (por su partido, para ser exactos). En cambio, a muchos les extraña que un presidente pueda tener más mandatos que los que fija la respectiva Constitución. Se discutió, hace tiempo, en Colombia y se ha discutido en el Ecuador (con un referéndum) y en Bolivia (con un referéndum que resultó negativo y un fallo de la Corte Constitucional que aprobó la reelección indefinida). Son, pues, dos culturas políticas diferentes que valoran de manera diferente el paso por los puestos con poder. Mejor limitarlos, dicen unos, no vaya a ser que a más tiempo en el poder, más corrupción posible. Mejor dejar que el electorado hable (“habla, pueblo, habla” en el paso del franquismo a un sistema parlamentario) dicen otros dejando en manos del electorado el reelegir o no al incumbente.
Pero lo que no tiene sentido (excepto como manipulación política) identificar “supresión de mandatos fijos” con “mandatos vitalicios” porque siempre habrá que añadir “si el electorado quiere”. Se ha hablado a propósito de los cambios en la China.
No hay sistema perfecto. Por eso usar las propias virtudes para denigrar los vicios de los otros (ambas cosas, muchas veces, más supuestas que reales) mientras los otros hacen lo propio, es entretenido, pero está fuera de foco. Lo importante es cómo conseguir que la soberanía que reside en el pueblo se manifieste lo más limpiamente posible en la democracia representativa. Limitar los mandatos y tener presidentes “comprados” que, además, “designan” a su sucesor, no es una buena solución al problema de la democracia. “Demos” pueblo, “cracia” gobierno.