Bolivia, Venezuela, Cataluña

En el referéndum de hace dos años, los bolivianos ciertamente dijeron NO a la reelección del presidente y vicepresidente. En Bolivia eso no se discute. Que después hubo sentencia del Tribunal Constitucional que SÍ las permitían, eso ya empieza a ser problemático para algunos, sobre todo para los que dicen que el tribunal es “la voz de su amo” (como los secesionistas catalanes dicen del Tribunal Constitucional excepto cuando resuelve a favor de las posiciones de estos). Junto a Venezuela, son los tres casos de “empate catastrófico” que me ocupan y que muestran diversas formas de abordarlo.
Cuando se produce ese empate, su evolución depende de las condiciones económicas en que se dé y de quién manda en cada caso. En condiciones particularmente adversas como la venezolana y con una oposición dividida, el que está en el poder puede hacer las reglas, aunque sean algo ilegales, y convocar elecciones cuando y como mejor se le adapten. La oposición se ha dividido, esta vez, hasta entre los que querían presentarse y los que no.
Cuando el empate se da en condiciones económicas propicias (fruto de buenas políticas y de coyunturas concretas y mucho más concretas ayudas -en este caso, chinas-) y con la oposición dividida, el que está en el poder puede hacer “sus” reglas con más cuidado con las formas, incluso concentrando poderes en el presidente, solo temiendo (y eso relativamente) que, aunque los opositores anden divididos, sí puedan ponerse de acuerdo para salir a las calles y manifestar su oposición (están unidos por el NO, pero no lo están en cuanto a las alternativas). Como, a pesar de todo, el empate es catastrófico y se han generado sentimientos encontrados en paralelo, las manifestaciones y contramanifestaciones pueden ser problemáticas, como me temí el 21 pasado escuchando una radio boliviana.
Hay un ex-presidente español, Rodríguez Zapatero, que aparece en ambos contextos. Como mediador en el venezolano (aunque un mediador no debería mostrar sus preferencias por uno u otro bando y me temo que él lo ha hecho) y como simpatizante de Morales como manifestó, igualmente el miércoles pasado, en el acto (“Por Bolivia, con Evo”) que se celebró en Madrid de apoyo a esa reelección en 2019. Junto a Pablo Iglesias (Podemos) y Alberto Garzón (Unidos Podemos) y con una bandera española adornando su mesa, expresaron dicho apoyo, aunque recibieran alguna protesta. El acto fue organizado por la Asamblea por Bolivia que un periódico boliviano, citando fuentes españolas, describía como: “La Asamblea de Apoyo a Bolivia reproduce la retórica en contra del neoliberalismo y de las potencias occidentales y las acusaciones de conspiraciones internacionales contra los líderes bolivarianos. Entre otros objetivos, los organizadores del acto marcan denunciar la actividad de “multinacionales como las españolas, que históricamente han saqueado Bolivia””. 
Internacionalizar el empate es un tema recurrente. También en el catalán, solo que ahí la diversidad de poderes hace que la situación sea más complicada, al margen de lo que se pueda pensar de los comportamientos, histriónicos según unos, muy calculados según otros, de algunos de sus protagonistas. Lo que ahí tenemos es un empate con un ganador interno (los secesionistas, también llamados, exageradamente, independentistas) pero con dos salvedades: la primera, es que ambos bandos están, a su vez, divididos estratégica e ideológicamente (hay diferentes tácticas para conseguir el poder y, en ambos casos, hay derechas e izquierdas) y la segunda, que el asunto está inmerso en una instancia superior (también en poder) y que, por tanto, hace que el que manda “dentro” haga lo que otros hacen -usar las leyes, modificarlas o crearlas ad hoc-, pero que también lo haga el que tiene el poder “fuera”, con una particularidad: el que manda fuera no tiene prácticamente representación política dentro. Para añadir fluidez, las condiciones económicas no son ni la venezolana ni la boliviana, sino todavía más imprevisibles con el añadido de que ni el que manda fuera ni el que manda dentro tiene capacidad para manejar asuntos tan concretos como la moneda, cosa que los gobernantes de los otros dos sí pueden hacer y más Venezuela. Es decir, que el empate catalán se produce, de momento, dentro de la Unión Europea, asunto que los unionistas airean siempre que pueden y sobre el que los secesionistas pasan como sobre brasas.
Hubo una especie de empate técnico que se llamó Guerra Fría. Sus secuelas se curan (dicen) reconociendo el peso de los prejuicios, dialogando y creando organizaciones que lo permitan. Y reconociendo un elemento común a los tres casos: corrupción del poder político. ¿Suficiente?
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)