Paradojas políticas

Esta es la clasificación de necesidades humanas básicas (y sus contrarios) que hace Johan Galtung. A su favor, la sencillez. Son necesidades más o menos materiales (las “no materiales” siempre hacen referencia a algo material) y cuya satisfacción se observa o en el contexto (relaciones estables, estructura) o en la persona en cuestión.
Dependiente de la estructura
Dependiente del actor
Material
Seguridad
(Violencia)
Bienestar
(Miseria)
No material
Libertad
(Represión)
Identidad
(Alienación)

La traigo a colación porque es útil para entender algunas paradojas de la toma de decisiones por parte de los que tienen poder para ello, es decir, para las políticas en general. 
He subrayado lo de la “identidad” porque hace ya tiempo levanté acta de los problemas que tienen las políticas centradas en la identidad. Primero, respecto a la libertad ya que, para defender mi identidad, por ejemplo mediante una política lingüística que defienda mi lengua, muchas veces, como gobernante, tendré que reprimir a los que no comparten mi lengua en mi territorio y les impondré una inmersión (del tipo del los Païssos Catalans) o una represión del uso de las demás lenguas (otra cosa es que los gobernados vean esa lengua ajena como medio de ascenso social, con gran alegría de los gobernantes). La política nacionalista franquista no era muy diferente: español (castellano) para todos y desprecio hacia las otras lenguas peninsulares (“No me ladre”, “hable usted la lengua del Imperio” y similares). El ahora “catalán para todos” tiene muchos elementos en común y las discusiones valencianas al respecto suenan a ya escuchadas en otros tiempos con otros actores y la otra lengua.
Pero lo contrario es posible: una política obsesionada con el bienestar (el desarrollismo a ultranza) puede ser notablemente alienante hacia los que tal vez puedan salir de la miseria pero a costa de un abandonar sus señas de identidad.
O libertad (liberalismo) con efectos en el bienestar (de “los de abajo”, no de “los de arriba” que quedan encantados con el crecimiento del PIB sin que el Estado aminore las reglas del reparto, humanas, demasiado humanas). La contra-política del gobierno central español respecto a la inmersión lingüística catalana se hace en nombre de la libertad.
Es fácil darse cuenta de que resulta muy complicado abordar las cuatro necesidades de manera simultánea y con el mismo ímpetu. La política, el arte de elegir, consiste en buscar las mezclas más apropiadas para que el que manda pueda seguir mandando o, en plan benévolo, para que el “bien común” se alcance en la medida que lo permite la condición humana.
Y, por supuesto, siempre queda la posibilidad de que el gobernante busque la satisfacción de una de las necesidades y lo oculte mediante una sistemática retórica referida a cualquiera de las otras, sobre todo si es más visible y puede servir mejor de pantalla o de hoja de higuera. 
En todo caso, sigo pensando que la clasficación de Galtung, que puede ser acusada de simplista, sobre todo si se la compara con las prolijas listas del tipo Max-Neef (pág. 42), tiene un valor muy particular: es útil y ayuda para reducir los engaños. Y eso es mucho. Por decirlo todo, el aporte de Max-Neef está en introducir los satisfactores a las necesidades. Si estas pueden ser universales, aquellos dependen de las diferentes culturas, con lo que imponer satisfactores de aquí a gente de allí no es la mejor manera de satisfacer la correspondiente necesidad, amén de que existen falsos satisfactores. Pero eso es otra historia.
De todos modos, las cuatro necesidades de Galtung también aparecen en la clasificación de Max-Neef (en el original que cito se ve más claro: subsistencia, protección, libertad, identidad)