El hundimiento de un barco

Lo guardo como una anécdota significativa. Estábamos en Atenas en una reunión de la Universidad de Naciones Unidas en la que nadie era capaz de entender el inglés de todos los colegas (siempre había un acento que se resistía, como se vino a saber después gracias a una irónica investigación de uno de los participantes, un rumano por cierto). Uno de los participantes, argentino, había expresado sus críticas contra la Junta que entonces mandaba en su país. Hablo de hace 35 años. Incluso tenía sus reticencias a que, ya entonces, procurásemos un medio electrónico para estar conectados y mantener nuestras discusiones desde los cinco continentes allí presentes: temía que su gobierno lo utilizara para espiarle todavía más. Se abandonó ese proyecto… y en ese momento entró otro de los participantes con la noticia: el Junta había invadido/recuperado las Falklands/Malvinas. El amigo argentino olvidó todo lo que había dicho hasta ese momento, se envolvió (metafóricamente) en la bandera blanquiazul y lo que vino a decir fue una versión del inglés “my country right or wrong”. 
Pero había, en el grupo, un colega inglés. También él con amplia experiencia internacional (había vivido en muchos otros lugares), pero “once a British, allways a British”… sin exagerar. Su reacción no fue la de envolverse a su vez en la “Union Jack” sino, intelectual al fin y al cabo, intentar que el argentino viera que lo que estaba sobre la mesa era un truco, bastante miserable, por parte de la Junta de ocultar sus fracasos internos mediante el recurso a la “independencia” de las Malvinas, la integridad del suelo patrio, la recuperación de la tierra que les había sido robada y demás retórica nacionalista. El inglés añadía que era previsible que el gobierno británico (entonces con la renqueante Thatcher) reaccionara en los mismos términos nacionalistas (integridad, autodeterminación y esas cosas) y consiguiera así recuperar sus entonces problemáticas perspectivas electorales, como así fue, por cierto. Frente a sentimientos, razón, como mostró el inglés.
Dos bandos, en aquel momento, detrás de los respectivos ejércitos “nacionales” que eran despedidos de manera entusiasta cuando salían a defender a la patria (cada uno la suya, claro). Mujeres enseñando sus senos a los marineros que partían de Inglaterra, argentinas enfervorizadas en su apoyo a sus soldados patrios. 
Hubo muertos. Y algunas chapuzas que produjeron muertes innecesarias como las del Sheffield, un destructor perteneciente a la Royal Navy. He estado suficientes veces en la universidad de esa ciudad como para no acordarme de ese nombre.
Pues bien, por fin, tras estos 35 años, se viene a conocer la acumulación de errores que llevaron al hundimiento del Sheffield. Se ha tenido acceso, por fin, a un informe hasta ahora secreto. Es un buen ejemplo de lo que es la actividad humana realmente existente, que, por lo general, tiene poco que ver con las fantasías y delirios de los que la presentan convenientemente manipulada. Vale la pena leer la lista de tales errores y pensar si eso ha podido suceder (o está sucediendo) en otros lugares del planeta hoy mismo. Aquí hay algunas para el Sheffield

Some members of the crew were “bored and a little frustrated by inactivity” and the ship was “not fully prepared” for an attack.

The anti-air warfare officer had left the ship’s operations room and was having a coffee in the wardroom when the Argentinian navy launched the attack, while his assistant had left “to visit the heads” (relieve himself).
The radar on board the ship that could have detected incoming Super Étendard fighter aircraft had been blanked out by a transmission being made to another vessel.
When a nearby ship, HMS Glasgow, did spot the approaching aircraft, the principal warfare officer in the Sheffield’s ops room failed to react, “partly through inexperience, but more importantly from inadequacy”.
The anti-air warfare officer was recalled to the ops room, but did not believe the Sheffield was within range of Argentina’s Super Étendard aircraft that carried the missiles.
When the incoming missiles came into view, officers on the bridge were “mesmerised” by the sight and did not broadcast a warning to the ship’s company.

Si eso sucedió con algo en el que se jugaban la vida unos y otros, qué no podrá suceder cuando lo que está en juego son cosas mucho más banales, como el poder, el privilegio o el prestigio (las tres P’s)